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lunes, 25 de octubre de 2010

JOYAS PAISAJÍSTICAS DE ESPAÑA: EL PARQUE NATURAL DEL LAGO DE SANABRIA.

LAGO DE SANABRIA.

Después de mi dilatado periplo revisando la cronología siniestra de venecianos, otomanos y croatas, revierto mi mirada hacia mi propio país, paradigma de belleza heterogénea y dispar, tan asombrosa y variopinta como ignota en su fuero interno.
Y hablando de joyas paisajísticas, como reza mi enunciado, es de justicia rendir homenaje a una de marchamo nacional; el fascinante lago de Sanabria, el mayor de todo el país.

Moran en las inmediaciones del Parque Natural del lago de Sanabria, doblegado por la suprema exuberancia de robles, castaños y acebos, multitud de víboras, lobos, turones, jabalíes, zorros, ciervos, desmanes de los Pirineos, abubillas, ánades reales, alcotanes...

El acceso se realiza cómodamente a través de la sensacional autovía A-52, que une las poblaciones de Benavente y Vigo. Circular por las desérticas carreteras de esta región es como caminar de puntillas sobre las nubes, en un cielo prístino y adormecido, donde la mansedumbre y la ausencia del tiempo fueran la faz preponderante.
Los atascos, las prisas y los clamores del cláxon, a modo de atropelladas y coléricas reprimendas, son aquí la nota discordante en una ceremonia de culto por el sosiego.

El lago de Sanabria es imagen señera de esta región, generosa en colorido y pueblos tradicionales, atávicos, unos 120 aproximadamente, caracterizados por sus típicas casas de piedra con tejados de pizarra.
Conviene llegar con prontitud al lago de Sanabria, pues se convierte desde primeras horas de la mañana en santuario de bañistas, transformando este centro de masiva peregrinación en arquetipo de la estampa playera del litoral mediterráneo.

Una ocurrencia de lo más sagaz sería abandonar la indolencia, en la que caemos con osada persistencia en época estival, y madrugar un poco para beneficiarnos de uno de los lugares más cómodos e idóneos para aparcar. Una zona bastante demandada y privilegiada es la zona de la entradita a la llamada popularmente "Playa de los enanos", definida en la nomenclatura oficial como "Arenales de Vigo".

Este área del lago, devorada por una lozana vegetación casi "selvática" y rocas, goza de unas espléndidas panorámicas y el volúmen de bañistas no es agobiante.
Como toda "colmena" que atrajese toneladas de turistas a su "panal", así actua este impresionante lago glaciar de la Era Cuaternaria.
Su poder de convocatoria y cofluencia incrementa de un año para otro. No faltan los chiringuitos ni los encantadores pueblecitos cercanos donde parar para degustar suculencias propias de la región. Tampoco menoscaba, ni augura el menor decremento, el negocio de embarcaciones y canoas que surcan las límpidas aguas del lago, que surge como una prodigiosa aparición entre las hermosísimas sierras de Cabrera y Segundera en el término municipal de Galende.

Desde este paisaje fascinante que atraviesan con pereza el río Tera, el Cárdena y el Segundera, se pueden trazar sensacionales rutas de trekking (senderismo), como las que conducen a la Laguna de los Peces o a la Cascada de Sotillo de Sanabria.

El lago posee una belleza deslumbrante y veleidosa que flirtea con los devaneos caprichosos de las cuatro estaciones. Luce su mejor sonrisa argentea en primavera y en verano, o se tiñe de sombras opacas en invierno, mientras observa como los valles se tiñen de blanco.

Como todo lago revestido de ínfulas y épica sonoridad, el de Sanabria tiene su propia leyenda, tejida con los renglones de una historia luctuosa hilvanada por las gentes sencillas del lugar durante generaciones.
VISTA DEL LAGO DE SANABRIA EN LA ZONA DE LA PLAYA DE LOS ENANOS.

LA LEYENDA DEL LAGO DE SANABRIA

Cuenta la leyenda que, en medio del lugar donde ahora se encuentra el lago de Sanabria, existía un pueblo llamado Valverde de Lucerna. Acaeció una noche de terrible tempestad que un peregrino cruzaba el pueblo en busca de cobijo.
Iba tocando de puerta en puerta, pero nadie le abría o le denegaban el auxilio. Finalmente llegó el rendido viajero hasta el horno del lugar, donde una mujer accedió a abrirle la puerta y compartir su cena con él, apenas unos mendrugos de pan caliente que acababa de cocinar en su modesta tahona.
Durante el conciso intercambio de palabras que mantuvieron, al amparo de la espantosa cellisca, el peregrino se identificó y dijo ser el mismísimo Dios. Encolerizado por el trato desabrido e impío recibido por parte de aquellas gentes que le había rehuído, conjuró a las fuerzas de la naturaleza y descargó un diluvio sobre el pueblo.

Valverde de Lucerna quedó anegado bajo las aguas, sin embargo, como deferencia hacia la única persona que le asisitió, salvó a la mujer y a su horno, que quedaron flotando sobre un islote que aún puede verse en el lago.
Prosigue la leyenda diciendo que, en la madrugada del día de San Juan, puede escucharse el sonido de las campanas de la iglesia del pueblo que quedó sumergida bajo las aguas del lago de Sanabria.
ISLOTE QUE SOBREVIVIÓ A LA TRAGEDIA DE VALVERDE DE LUCERNA "LEYENDA DEL LAGO DE SANABRIA".

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