Páginas vistas en total

miércoles, 13 de octubre de 2010

DUBROVNIK; LA JOYA DEL ADRIÁTICO.PARTE II GLOBEDIA.COM

MURALLAS DE DUBROVNIK CON LA ISLA DE LOKRUM AL FONDO.
Continúo mi periplo por la joya del Adriático y la observo desde la distancia, con el susurro de mis pensamientos contenido, para no perder detalle de esta ciudad medieval prodigiosa.

Las panorámicas de Dubrovnik, llegando desde la sinuosa carretera que conecta con la antigua Epidauro, actual Cavtat, son una maravilla. Los amantes de las alturas hallarán el cenit de su solaz en la subida al teleférico, que abre desde las 09:00-20:30 y tiene un precio de 10 euros ida y vuelta. Lo ideal es permanecer en la cúspide del monte Srd para ver el atardecer. Se pueden sacar unas fotografías extraordinarias desde la cruz en el promontorio, símbolo éste de la resistencia frente a los asedios de las huestes invasoras.

Muchos son los epítetos que se me ocurren para referirme a Dubrovnik. Todos ellos emparentados con el elogio y la lisonja. Probablemente uno de los más certeros sería: monumental. Es prolijo tanto su pertrecho arquitectónico como cultural. Parece tarea inabarcable enumerar cada uno de los rincones de esta ciudad que merecen las más altas distinciones. Podríamos comenzar por la concurrida y animadísima plaza principal o Stradun.

Aquí nos llamará la atención la Columna de Orlando (1418), obra del eximio escultor Bonino. Popularmente se habla de un sistema de medición que toma como referencia la longitud del brazo desde el codo de este soldado (Un codo de Dubrovnik= 51, 2 cms).

Para otorgar mayor pábulo a nuestras emociones, nada mejor que un agradable paseo por las murallas. El recorrido es de lo más interesante, si bien, puede resultar un poco exhaustivo para indolentes y sedentarios. El precio de los tickets es de 10 euros. Hay unas vistas sorprendentes desde la curiosa torre circular de Minceta (1464), construída por el prolífico arquitecto Juraj Dalmatinac.

Otro foco ineludible de turistas es, sin lugar a dudas, el interesantísimo monasterio franciscano, en cuyo interior encontraremos la farmacia más antigua del mundo (1317).
Aquí se expendían medicinas para los monjes. Las familias pudientes de nobles y aristócratas gozaban del privilegio de tener sus propias capillas y tumbas dentro del monasterio. Es también bastante impresionante la opulenta recolección de alhajas de oro y plata, como el brazo de San Lorenzo (S.XV). Todo ello fue donado por las familias aristócratas de ilustre abolengo anteriormente mencionadas.

Abandono este recinto sagrado para entremezclarme con el enjambre humano de Dubrovnik. Parada de rigor en la Catedral de la Asunción de María (S.XVIII), construída por el arquitecto Buffalini. Muy bonita por fuera, un tanto parco y llano su interior de blancas paredes. A falta de capital para dotarla del ornamento que merece, quedó bastante desangelada y apática. Hay que tener en cuenta que el pavoroso seísmo que dejó miles de víctimas en la ciudad, (1667), la sumió también en un terrible declive económico.

CATEDRAL DE LA ASUNCIÓN DE MARÍA.

Dubrovnik es una ciudad donde la poesía y la literatura se abren paso como una suave brisa vespertina. Nombres afamados manan de su empedrado medieval como una fuente inagotable de prosa y rimas. En la alegre explanada de Gundulic, donde se pone cada día un interesante mercado al aire libre, nos topamos con la grácil efigie del poeta Iván Gundulic, conocido como “El poeta de la libertad”.

No menos emblemático fue también el trotamundos Marin Drzic (SXVI), quien difundió su prosa por media Europa. No en vano fue reconocido y aclamado como el “Moliere croata”.
Nos encontramos en una ciudad que rinde culto y goza del amparo del Santo Patrón San Blas. Por ello es menester rendir homenaje a la bonita iglesia barroca de este venerable protector. Tal vez encuentre el visitante mucho más despampanante la colosal iglesia de San Ignacio de Loyola (1725). Ubicada en un terreno desabrido, de ominosa catadura al caer la noche, resulta impactante cuando la luz de la mañana despunta sobre su imponente fachada y su interior majestuoso.

Concluyendo ya con este pormenorizado sumario de la heterogénea miscelánea cultural de Dubrovnik, me detengo unos instantes en el sobrio e interesante Palacio de los Rectores. Se puede visitar la primera planta, donde vivía el rector. Vemos una profusa colección de lienzos que captan los semblantes nobles de personajes ilustres de la época.

En la planta baja nos llamará la atención el busto de un plebeyo llamado Michaeli Prazatto. Curiosa la historia de este comerciante, que, a su muerte, legó todo su dinero al estado. En justo reconocimiento se mandó esculpir el busto que ahora se puede visitar en el Palacio del Rector.
BUSTO DEL COMERCIANTE MICHAELI PRAZATTO. PALACIO DEL RECTOR.

No hay comentarios: