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viernes, 24 de septiembre de 2010

LJUBLIJANA; LA CIUDAD DEL DRAGÓN Y DEL HÉROE GRIEGO JASÓN. GLOBEDIA.COM

DRAGÓN DE LJUBLIJANA, SEGÚN LA LEYENDA, DERROTADO POR EL PRÍNCIPE GRIEGO JASÓN Y LOS ARGONAUTAS. (PUENTE DE LOS DRAGONES, 1901) -MERCADO DE PLÊCNIK-
Si tuviera que inventar una leyenda sobre Eslovenia, en la mía habría una hermosísima princesa llamada Istria. Las exuberantes colinas y valles cubiertos de verdor serían el lujoso y elegante atavío de mi princesa, que yace acostada sobre el paisaje en un sueño eterno, mientras espera a ser despertada por su amante Jasón.
En el desespero de su soledad sin recompensa, sus lágrimas argenteas formaron un lago de límpidas y mansas aguas llamado Bled, donde mi princesa mandó erigir una altísima torre con un campanario para llamar a su amado por medio de 3 repiqueteos plañideros de la campana y un deseo formulado.
La leyenda y la realidad conviven hermanadas en Eslovenia, un país de cuento de hadas de tamaño diminuto y romántica y bucólica belleza.
Poco más de dos millones de habitantes se funden como motas de polvo en suspensión en un país doblegado por tupidos bosques. La carretera hiende paisajes donde el opresivo y supremo verdor me acorralan como legiones de impertérritos soldados defendiendo un bastión.
Sin embargo, mi embeleso no tarda en acostumbrarse a la fisonomía regular del entorno para conducirme lentamente al desinterés y un cierto hastío. La belleza de Eslovenia es incontestable, al mismo tiempo que resulta también desprovista de rasgos antagonistas. Evoco entonces mis impresiones cuando recorría paisajes de ensueño en la Columbia Británica canadiense: lagos de ensueño y bosques edénicos que parecen clonados.
Mi paso por Eslovenia, sin embargo, ha sido efímero y un tanto somero, así que centraré mi objetivo en la arrebatadora ciudad de Ljublijana.
Ecléctica como pocas, auna en un crisol multicultural retazos de algunas encantadoras localidades germanas de la Selva Negra bávara, Praga, Suiza, Viena, Venecia, Budapest... pedacitos de la Europa medieval concentradas en una misma ciudad.
La tranquilidad de sus calles me hace evocar mis paseos sosegados por las desérticas avenidas enmudecidas de la región francesa del Loire: Blois, Amboise, Tours...
Sin duda contribuye a este homenaje al silencio el hecho de que en Ljublijana no pasan de los 300.000 habitantes... poco más de 270.000 en realidad. La sensación de relajo y satisfacción son inmediatas: una localidad que aborrece las masificaciones y detesta las estridencias, algo totalmente impensable en Dubrovnik, hermosísima ciudad croata de la que hablaré en próximos artículos.
Recorrerla andando es una auténtica gozada, pues de este modo puede uno saborear los detalles exquisitos de las elegantes fachadas de estilo art-nouveau de las casas nobles. No menos impactante y sublime es la faz de los edificios barrocos. No en vano el casco barroco de Ljublijana está considerado como uno de los mejor conservados de toda Europa.
La leyenda sitúa a Ljublijana como epicentro del terror propiciado por una pavorosa criatura que tenía arredrada a toda la población. El heróico príncipe griego Jasón, en compañía de sus leales y aguerridos argonautas, había robado el Toisón de Oro al rey Aites y en su huida llegó hasta Ljublijana, donde mató al dragón. En este lugar fundarían los romanos en el siglo I a.c la ciudad de Émona (S.I a.c -S V d.c)
Antes que las legiones imperiales de Roma, sin embargo, poblarían estas tierras exuberantes poblaciones ilirias y celtas. Ljublijana es una ciudad que aún conserva en su dermis cicatrices de las múltiples batallas acaecidas, a raíz de las interminables invasiones de los hunos y los bárbaros en el año 452 d.c, o los asedios incesantes de las tropas napoleónicas a principios del siglo XiX.
En la actualidad, Ljublijana es una bellísima localidad eslovena que trata de recuperar el pulso del tiempo y dejar atrás el amargor de las cruentas invasiones y tropelías cometidas por huestes hunas, bárbaras, otomanas o germanas. Se trata de una ciudad muy cultural que acoge en sus calles medievales miles de espectáculos anuales y festivales internacionales.
Son muchos los acicates que impulsarán al viajero a recorrer sin prisas estas calles con sabor a medievo. La ciudad aparece embellecida no sólo por sus casas nobles y un casco histórico impecable, también son encantadoras las vistas desde cualquier punto situado junto al río que atraviesa Ljublijana, el Ljublijanica o río de los siete nombres.
EL RÍO LJUBLIJANICA, A SU PASO POR LA CIUDAD
Numerosos puentes a lo largo de nuestra ruta nos recordarán al estilo arquitectónico de Venecia, los canales encantadores de Amsterdam o los recovecos discretos de Brujas o Gante. Puentes fantásticos como el de Trnovo o los tres puentes (Tromostovje), rasgo éste característico de Ljublijana. Por supuesto, mención especial para el Puente de los dragones, un guiño al pasado más glorioso y aterrador de la ciudad.
Ljublijana es punto de encuentro de insignes pintores, músicos, arquitectos y poetas... por ello es parada obligatoria la fascinante catedral de San Nicolás, una obra magistral del arquitecto Andrea Pozzo, decorada con preciosos frescos por el pintor italiano Giulio Quaglio. Cabe destacar también el depurado refinamiento de la puerta lateral de bronce, donde hallamos esculpida la historia de las diócesis de la ciudad en honor a la visita del Papa en el año 1996.
Ese mismo año se realiza también un trabajo similar de maravillosa manufactura en la puerta principal. Es una obra espléndida del escultor contemporáneo Tone Demsar que representa los 1250 años de cristianismo en el país.
CATEDRAL DE LJUBLIJANA, OBRA DEL ARQUITECTO ANDREA POZZO. LOS MARAVILLOSOS FRESCOS QUE DECORAN LAS PAREDES EN SU INTERIOR SON DE GIULIO QUAGLIO.
La faz de esta villa medieval aparece ahora renovada y lustrosa tras los aciagos días de funesto recuerdo: dos terremotos, uno en el año 1115 y otro en 1895 dejarían Ljublijana totalmente devastada. Los ciudadanos prefieren rememorar épocas mejores, como el paso glorioso de músicos celéberrimos de la talla de Mahler, Paganini, Beethoven o Brahms; todos ellos fueron ilustres miembros de honor de la elegante Academía Filarmónica de Ljublijana.
En otro ramal cultural deslumbraron con su plétora creativa poetas como France Preseren (1800-1840) o Valentín Vodnik, ambos homenajeados en la ciudad con sendas efigies.
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