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viernes, 9 de julio de 2010

CUEVAS DEL DRACH Y HAMS. MALLORCA. GLOBEDIA,12-07-10


CUEVA DE HAMS, MALLORCA.
Uno de los primeros pensamientos que cruza mi mente cuando visito una cueva tiene por destinatarios a los primigenios exploradores que la descubrieron.
Imagino sus rostros asombrados y las emociones que desprenden como un aroma fragante. En cierto modo me resulta una experiencia inigualable y pavorosa: aislado bajo varios metros de estratos de tierra y rocas, guiado únicamente por la luz de una linterna y la intuición.
Mis sentidos me conminarían a abortar de inmediato cualquier conato de heroicidad y posteridad para gloria de mi persona. Como digo, me resulta aterradora la mera idea de errar por una gruta desconocida y en penumbras, sumida en un silencio milenario.
A mi mente acuden raudas imágenes de grietas, galerías y oquedades claustrofóbicas. La mera idea de adentrarme en una cueva inexplorada me produce ataxia, asfixia y un terror que sobrepasa mi capacidad de reacción. Por todo ello, encomio el arrojo de los pioneros espeleólogos que abrieron las puertas hacia un inframundo de maravillosos laberintos, grutas y cavernas subterráneas.
Visitar las Cuevas del Drach, hoy en día, no es una aventura tan azarosa ni emocionante, aunque la fascinación está garantizada.
EXTERIORES DE LA CUEVA DEL DRACH (EN EL INTERIOR ESTÁ PROHIBIDO FILMAR O HACER FOTOS).
Descubiertas en el año 1896 por Edward Martel, las archifamosas cuevas albergan en su interior el impresionante lago Martel, más de 150 metros de longitud, donde se exhiben a diario conciertos de música clásica. Este espectáculo es totalmente recomendable por la fantástica acústica de la cueva. La banda toca desde unas preciosas barquitas iluminadas, la sensación de serenidad y goce son indescriptibles.
Para llegar hasta las cuevas del Drach debemos dirigirnos hasta la localidad de Portocristo, donde hallaremos también a escasa distancia las fabulosas Cuevas de Hams.
El precio de la entrada no es precisamente económico: 11, 50. La elevada tarifa, además, no da concesiones para filmar en vídeo ni hacer fotos, aún si estas son efectuadas sin flash.
El interior de las cuevas del Drach es fascinante: galerías enormes y amplias y bosques de estalactitas y estalagmitas son testigo de nuestro éxtasis contemplativo.
Es todo un milagro de la naturaleza, sin duda. Hay que pensar que se precisan 3 décadas para que estas formaciones, originadas por los sedimentos y minerales arrastrados por el agua y filtrados en la cueva, crezcan tan sólo un centímetro.
Si sobrevivimos al alborozo y la fascinación propias de visitar una cueva como la del Drach podemos derivar parte de esas emociones a nuestro próximo coqueteo con la espeleología: las cuevas de Hams.
CUEVAS DE HAMS.
Aunque son menos populares que las del Drach, las cuevas de Hams son dignas merecedoras de protagonismo en una epopeya. De nuestro bolsillo deben emigrar 19 euros si deseamos adquirir una entrada conjunta que nos de acceso a la propia cueva y a un interesante anexo denominado: Sueños fantásticos Julio Verne. Es esta una oportuna adaptación documental acerca del insigne y prolífico escritor en un enclave misterioso y totalmente apropiado como el interior de una cueva.
En las cuevas de Hams si está permitido hacer fotos, siempre y cuando se hagan sin utilizar el flash. Se trata de una cueva mucho menos descomunal que la del Drach. Caminas a medio metro, como mucho, de impresionantes estalactitas y estalagmitas. Como se dice coloquialmente: están al alcance de la mano.
Las cuevas de Hams son una obra de arte creada por la naturaleza, si bien, un tanto desdibujadas por la apabullante altivez de las cuevas del Drach. Fueron descubiertas en el año 1905 por Pedro Caldentey. Años más tarde, su hijo, Lorenzo Caldentey, las iluminaría para goce de los visitantes.
También en esta cueva es posible asistir a un concierto diario de música clásica, en concreto el espectáculo "Magical Mozart", ofrecido desde una barca que surca en calma el fabuloso lago llamado Mar de Venecia.

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