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lunes, 21 de agosto de 2017

VALLE DEL COLCA





Como mencionaba en el prólogo de mis crónicas peruanas, Perú tiene mucho más que ofrecer aparte del Machu Picchu. Tiene sus encantos, sus tesoros por descubrir, y el valle del Colca es uno de ellos. Hoy ascenderemos hasta los 4600 metros para observar desde el mirador de la cruz del Cóndor cómo planean estas aves inmensas. Desafortunadamente ni una sola vicuña o guanaco se ha designado a posar para mi cámara desde que dejase atrás Chivay, el pueblo que da entrada al valle. Está ubicado a 3600 metros en un paraje de carreteras curvilíneas y queda casi engullido por la hondura del Colca.



 Vicuñas, guanacos, pumas, zorros andinos, merodean por estos parajes cuando el mundo duerme o mira en otra dirección. No me desanima especialmente la sequedad de la zona de Patahuasi o en lengua quechua “casa de altura”. Compensado queda todo cuando observo en la lejanía las cumbres nevadas del Quehuista o el Sepregina, ambos picos por encima de los 5000 metros. 

 Una parada intermedia me ha dejado en la boca un sabor dulzón a mate inca, que está compuesto por coca, ideal para el mal de altura, muña, perfecto para temas estomacales, chachacoma, que cuida nuestro estómago y tola blanca, que va muy bien para problemas de garganta. 

 




Cuando finalmente cóndores y visitantes nos citamos en ese mirador magnífico que antes ya anunciaba, uno tiene casi que pelear para encontrar un resquicio por el que “colarse” para atrapar al vuelo alguna fotografía de estas imponentes aves andinas, cuya dieta consiste en animales muertos en estado de descomposición. Los cóndores cruzan ante nuestra mirada embelesada como avionetas o cometas fugaces. Ascienden, bajan, vuelven a ascender o realizan tremendos vuelos en picado para retomar la horizontalidad nuevamente. Es un espectáculo que bien merece la pena, pese al mal de altura y las aglomeraciones.



 



En marcha nuevamente hacia el bonito pueblo colonial de Yanke, otrora (en otra época) uno de los más relevantes. Las mujeres van ataviadas con sus trajes regionales y en la plaza principal veo a un grupo de gente muy joven que, vestida con esa indumentaria autóctona, baila al ritmo de una música muy festiva. 

Me adentro sin mucho preámbulo en la iglesia de la Inmaculada Concepción, siglo XVII. Me sorprenden los preciosos altares, los tonos albos (blancos) y pinceladas de colorido aquí y allá. Desafortunadamente, un terremoto en el año 2016 hizo mella en su belleza prístina y ahora luce algo “despeinada”.


 
DATOS DE INTERÉS
ENTRE LOS AÑOS 706-1100 VIVIERON EN EL VALLE DE COLCA LOS GUARIS, QUE SE DEDICABAN A LA AGRICULTURA. AÚN QUEDAN, PERO SON UNA MINORÍA. LOS INCAS APARECERÍAN EN EL AÑO 1400. COLCA, EL NOMBRE DEL VALLE QUE HOY VISITO, HACE ALUSIÓN A LOS ENORMES ALMACENES DE ALIMENTOS QUE LOS INCAS DISPONÍAN PARA CONSERVARLOS DURANTE AÑOS.


Ya en carretera atravesamos un túnel de unos 400 metros donde se cuenta que moran los chinchilicos, si es que anoté correctamente este nombre tan curioso, unos traviesos duendes que sienten una morbosa atracción por las mujeres de cabello largo y que las raptan en este trance a oscuras a través del túnel. Es imponente el mirador de Antahuilque, donde además se puede apreciar bien el tipo de construcción inca de terrazas que ellos mismos construían para sus cultivos.


MACA

Muy Parecido a Yanke, esta localidad quedó “vapuleada” por la furia del volcán Samankaya. También tiene una preciosa iglesia, la de Santa Ana de Maca, en estilo rústico montañés con altares de pan de oro y proliferación rococó churrigueresco. La colorida portada también capta mi atención, con ese arco majestuoso de ángeles protectores y un campanario gemelo o doble en la planta superior de arco triple.




martes, 15 de agosto de 2017

AREQUIPA




AREQUIPA


Continúo mi periplo por la región de Arequipa, Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Llamada “la ciudad blanca de eterno cielo azul” consta de 94 volcanes, como el Misty, icono de Arequipa, un embeleso lejano de nevada cumbre que muestra su rasgada silueta con orgullo nacional. 
 


Estamos en el litoral costero a unos 2300 metros. Hay mercaderes por todas partes que nos rodean como una nube humana. Enseguida me familiarizo con la típica iconografía andina: la serpiente, que es el emblema y pórtico de entrada al inframundo, el puma, que representa al estrato existencial puramente terrenal y por último el cóndor, que nos habla de la espiritualidad, la vida al otro lado de la oscuridad, la vida que acaba, la muerte que comienza su eterno ciclo…


 A lo lejos puedo ya columbrar un triunvirato mayestático (figuradamente, Real, de la Realeza) formado por tres picos altaneros, los volcanes Chachani, Pichu Pichu y el antes mencionado, Misty. En la misma línea, con sus mejores atavíos de gala, se me presentan inalcanzables el volcán Sabancaya o las cimas nevadas del Ampato y el Huaka Huaka. Son nombres extraños que en mi mente suenan propios de novelas de leyendas arcanas, misterio, magia, acaso un mundo perdido aún por descubrir…
 

Arequipa tiene encanto, una belleza intrínseca innegable. No en vano su centro histórico fue declarado en el año 2000 Patrimonio Cultural. Por toda la región encontraré un estilo arquitectónico denominado sillar. La jornada de hoy debería enmarcarla con ribetes de oro, aunque sólo fuese por la visita a un convento sin parangón, el de Santa Catalina de Siena, fundado en el año 1579. Ya de primeras, me da un “bofetón” colorista el rojo sanguíneo del entorno, paredes carmesí escondidas bajo la sombra de unos soportales con arcos y estilo arquitectónico sillar. Pero la hegemonía roja está en disputa con azules intensos y piedra blanca sin pretensiones “irisadas”.


Enormes dimensiones las de este reino de paz donde llegó haber más de 400 monjas de clausura. No me sorprende, es a fin de cuentas el convento por antonomasia, su interior espartano, con esas celdas deprimentes y lúgubres donde las novicias mataban las horas con sus preces (oraciones, ruegos). Es como un hálito de frescura, sin embargo, el claustro de los naranjos, con pinturas en derredor y un pórtico de arcos azules con ribetes blancos que ponen algo de alegría a la decadencia de esas celdas de clausura
cavernosas. Me quedo corto si digo que el convento de Santa Catalana es pintoresco. Es lo que pienso cuando veo esas calles empedradas con nombres de ciudades como Toledo, Málaga, Sevilla, Córdoba. No faltan las plantas, los geranios, el colorido intenso, rememorando la época en que la ciudad entera estaba pintada como si fuera un cuadro impresionista. 
 





Uno pierde por momentos la idea de hallarse en un convento cuando repara en esos farolillos encantadores encendidos en callejuelas que podrían muy bien ser las de un pueblo andaluz.


Antes de que mis pasos descubran la belleza de la Plaza de armas me recreo unos minutos en los miradores de Carmen Alto y Yanahuara. En el primero ya quiero pedirle cita y hora a los volcanes Chachani o “vestida de blanco”, el Pichu Pichu y el Misty, que en lengua quechua vendría a ser algo así como “Señor, Caballero”.

Está muy bien preparada la terraza cubierta sobre el río Chili para rendirle pleitesía a estos colosos picudos, todos ellos sobrepasando los 5000 metros de altura. La ciudad blanca del eterno cielo azul tiene habitualmente una temperatura agradable y está muy restaurada a causa de la frecuencia sísmica. El origen de esta denominación, “blanca”, podría tener su origen en los primeros pobladores de Arequipa, las primeras familias colonias, cuyas pieles eran precisamente blancas, aún desacostumbradas a los “tuestes” solares. Sigue la misma disposición el mirador de Yanahuara, arcos y piedra sillar en la preciosa parroquia o iglesia de Yanahuara, construida con piedra volcánica, una maravilla de estética rugosa, rimbombante, abigarrado barroco y profuso en detalles ornamentales. El estilo es mestizo, pues aúna figuras de indígenas y colonizadores en sus figuras cinceladas, figuras florales, vegetales, mazorcas, ángeles y que rodean o circuyen a San Juan Bautista, a Santo Domingo y San Francisco en esa portada de la fachada tan excelsa. 

 

 La Plaza de armas me sale al encuentro. Animación, turistas, el corazón y los pulmones de Arequipa exudando estilo arquitectónico neoclásico en la magnífica catedral y monumentos anexos. El interior de la catedral es diáfano y espacioso, una bella conjunción de molduras blancas y barroco. Este es el eje central donde no cesan de rotar las ruletas monetarias de los restaurantes, locales, tiendas. Algunos prefierensimplemente estudiar los monumentos, como la iglesia de la Compañía de Jesús, máxima expresión del barroco mestizo en Latinoamérica. Es una maravilla el “dispendio” barroco del interior, sin reparar en detalles rococó churrigueresco, o sea, propio del estilo creado por el arquitecto español José Benito de Churriguera.



domingo, 13 de agosto de 2017

CATEDRAL Y MUSEO LARCO




CATEDRAL LIMA Y MUSEO LARCO

DATOS SOBRE LA CATEDRAL. LA ORDENA CONSTRUIR PIZARRO EN 1535. SE ADQUIERE EN 1541 EL PALACIO DE WIRACOCHA EN EL SITIO DE SUNTUR WASI. EL ARQUITECTO JUAN MIGUEL DE VERAMENDI INICIA LOS TRABAJOS. LE SEGUIRÍAN DESPUÉS BARTOLOMÉ CARRIÓN Y FRANCISCO DE BECERRA, ENTRE OTROS. LA CATEDRAL SERÍA CONSAGRADA EN 1668. INICIALMENTE SERÍA CONOCIDA COMO IGLESIA DE NUESTRA SEÑORA DE LA ASUNCIÓN. EL 80% DE SU REVESTIMIENTO INTERIOR ES MADERA DE CEDRO.



Hoy toca visitar una de las joyas de esta ciudad, la catedral de Lima. Paseando por este entorno blancuzco, con permiso de los haces de luz casi celestial que revelan matices dorados sobre blancos y espejos que parecen dispuestos a atrapar la claridad, me acomodo rápidamente a la suntuosidad de un maravilloso retablo cubierto de pan de oro, todo barroco. Ornatos de boato y dimensiones nada tacañas que juegan con colores cálidos y se regocijan entre pinturas soberbias. Continúo este peregrinaje sacro por la iglesia de la Sagrada Familia, un encargo del obispo Gabriel de Arregui bajo la advocación de la Virgen Reina de los cielos. Mucho barroco magnífico me rodea cuando me detengo ante la capilla de Monseñor Arrigon o en el retablo de Santa Rosa de Lima, que según comprobaré después, a riesgo de caer en la blasfemia o la falta de respeto, era todo un bellezón.

Es interesante bajar a la cripta, si no te arredran los huesos y calaveras, aunque mi ánimo se emociona más ante la capilla sepulcro de Pizarro, cuyos restos fueran hallados en el interior de una caja de plomo de manera fortuita. Escrito en una placa puede leerse la tétrica sentencia: “Aquí está la cabeza del marqués D.Francisco Pizarro, quien descubrió y ganó los reinos de Perú y puso en la Real Corona de Castilla”.





 Ya abandonando el sagrado templo me informan de que se avecina una horda de soliviantados huelguistas. Son profesores que exigen una equiparación económica con los policías, que les duplican el sueldo. A ellos se lo suben, a los profesores les recortan. En este país, como en todos, las injusticias brotan libres en cualquier esquina sin que al gobierno le preocupen demasiado lo que sin duda consideran zarandajas. Predicar desde púlpitos de oro, si careces de ética y moral, es sin duda un negocio muy lucrativo. Rápidamente me mudo en el espacio y tiempo para narrar mis impresiones sobre el museo Larco, que es de lo más interesante. 
 DATOS DE INTERÉS

RAFAEL LARCO HOYLE FUNDA EL MUSEO EN 1926. JUNTO A SU PADRE, LOGRA AUNAR UNAS 45OOO PIEZAS "RESCATADAS" DE DIVERSAS COLECCIONES ARQUEOLÓGICAS. AÑOS MÁS TARDE COMIENZA A INVESTIGAR POR SU CUENTA PARA CATALOGAR Y CLASIFICAR LOS OBJETOS. DE ESTE MODO, EFECTÚA UNA MINUCIOSA Y DETALLADA RECOPILACIÓN DE CULTURAS COMO LA DE LOS CUPISNIQUES, SALINAR O VIRU.

Lleva el nombre de su fundador, Rafael Larco Herrera y para llegar hasta aquí lo más sensato es tomar entre varios un taxi, negociando el precio por adelantado, que es la fórmula mágica en Perú y algo que les encanta; forma parte de su idiosincrasia el regateo. Lo primero que me llama la atención es el primor con que está revestida la magnífica entrada floral, anegada de flores de colores que parecen darnos la bienvenida al Jardín del Edén. Por sólo 30 soles puedes acceder a la memoria más añeja de la cultura y arte precolombino. Debo admitir sin embargo que lo que quedará sellado a fuego en mi mente es el inmenso almacén de objetos hallados aún por clasificar. 



Están dispuestos en estanterías y armarios interminables de una sala laberíntica. El material allí recolectado es casi inabarcable. Las piezas, rescatadas de templos, tumbas, excavaciones, esperan su momento de ocupar salas y vitrinas del museo. Cuando termines tu peregrinaje por este museo, puedes también visitar el de arte erótico precolombino, descendiendo por una rampa en un entorno de belleza floral-natural como de escenario para enmarcar las mejores instantáneas de una pareja de recién casados. Este museo en cuestión tiene su aquél, hablando claro, tiene su gracia, nos explica por medio de explícitas piezas escultóricas, tallas, grabados, que en esto del sexo no hemos descubierto nada, que hace unos cuatro milenios ya estaba todo explorado y que la imaginación era tan fecunda como hogaño (hoy en día).

Se pasan los minutos y las horas viendo cerámica, ajuares funerarios, vestimentas antiquísimas, enseres rituales, un vistazo general a la cultura inca, nazca, precolombina, todo detallado al milímetro en un panel cronológico muy explicativo.

Me dirijo ahora al monasterio convento de Santo Domingo. 



A lo lejos me reta a un viaje de exploración una cruz enorme sobre el cerro de San Cristóbal, encargada por Pizarro. En todo caso, mis pensamientos me los roba ahora este lugar de oración y espiritualidad, el Museo de Santo Domingo (1535). 10 soles tan solo para disfrutar de la calma de estos lugares que buscan la plática continúa con el Todopoderoso. Es precioso el primer claustro que me sale al paso, decorado con azulejos de Sevilla y un buen puñado de magníficos lienzos que hablan de la vida del fundador de la orden dominica, Santo Domingo de Guzmán. Mucha madera de cedro y esplendoroso barroco, como en la Sala Capitular, donde se fundara la Universidad Mayor Nacional de San Marcos en 1551. Bajo los soportales rojos me dirijo ahora a la biblioteca, que es una maravilla, sobre todo para quienes nos intoxicamos con deleite en el alma al percibir los olores añejos de la cultura allí encerrada, olor a volúmenes añosos y madera anticuada. 25000 libros nada menos para custodia de los diez monjes que aún habitan aquí. Uno de los acicates de este monasterio, acaso para los más beatos o afines a temas sacros, sea que aquí yacen los restos mortales de Santa Rosa de Lima y San Martín de Porres.


 DATOS DE INTERÉS
ISABEL FLORES DE OLIVA, SANTA ROSA DE LIMA, ASÍ LLAMADA POR SU BELLEZA. ELLA NO QUERÍA SER IDENTIFICADA NI COMPARADA EN MODO ALGUNO CON LA HERMOSA FLOR, PUES CONSIDERABA LA BELLEZA COMO ALGO MÁS PROPIO DE LA VANIDAD, CONCEPTO QUE DIFERÍA DIAMETRALMENTE CON SU VOCACIÓN ESPIRITUAL, MÁS CENTRADA EN LA CARIDAD CON EL PRÓJIMO Y LA RECLUSIÓN VOLUNTARIA. FERVOROSA SEGUIDORA DE LA SENDA DIVINA QUE TOMARA LA RELIGIOSA SANTA CATALINA DE SIENA, INGRESA EN LA ORDEN DOMINICANA EN 1606. GRAN PARTE DE SU VIDA LA DEDICÓ A LA PENITENCIA Y CONTEMPLACIÓN DIVINA, AUNQUE JAMÁS DEJÓ DE LADO SU ABNEGADA VOCACIÓN POR SOCORRER A LOS MÁS NECESITADOS. FALLECIÓ A LOS 31 AÑOS Y SU CUERPO FUE ENTERRADO EN EL CONVENTO DE SANTO DOMINGO DE LIMA.
 La santificada monja, de quien ya resaltara antes su belleza, no se sentía cómoda con ese aspecto físico, pues consideraba la belleza y la recreación en ella como algo indeseable, pura vanidad. Por otro lado, tampoco quería que se la llamase por su nombre, pues las rosas están íntimamente relacionadas con la belleza; de nuevo ese “incordioso” atributo, desdeñable para una vida de retiro espiritual y contemplación de lo divino. Reina la paz en este entorno, pese al volumen de turistas. 

Es muy bonita la capilla de San Martín de Porres, Canonizado por el Papa Juan XIII en 1962, se decía que poseía el don de la curación y que hizo diversos milagros. Su camastro, bajo los muros de este convento, es apenas un tablón con un mínimo revestimiento para dormir. Concluyo ante la cripta de Santa Rosa de Lima o Isabel Flores de Oliva, patrona de la ciudad y canonizada en 1671. Muy bonita, revestida de azulejos azules y dorados. La bajada a la cripta se realiza por una escalera de techo muy bajo y angostura de caverna. Me despido por hoy con una visita al laberíntico y multitudinario Mercado Central, que es idóneo para comprar toda suerte de géneros imaginables y de paso deambular por el mercado público donde compran los limeños.

 
VÍCTOR VIRGÓS –ORLANDO TÜNNERMANN-
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