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martes, 4 de julio de 2017

KHIVA II






Sigo descubriendo Khiva, convertido en personaje de película de Disney, descubriendo con ojos infantiles unas cruces de color verde agazapadas en la abigarrada ornamentación arábiga. Son éstas una referencia simbólica del zoroastrismo o seguidores de Zarathustra. Para empaparme aún más de la idiosincrasia de esta tierra de colores y calores intensos visito los museos que me salen al paso. Ya ha penetrado en mi sistema sanguíneo el aluvión de madrasas, más de 20 en la pequeña ciudad. 



Ninguna se dedica ya a aleccionar sobre los versículos sagrados y salmos del Corán. En su interior hay mercaderes con productos autóctonos, mayormente cerámica, madera y textiles. Aquí son las mujeres las que se dedican al laborioso y meticuloso oficio de la elaboración de tejidos, maravillosas telas, tapices, alfombras, todo pasa por esas manos veloces y avezadas. La madera, tallada, convertida en piezas artísticas, es asunto masculino. Ahora es tiempo de acercarme hasta el mausoleo del héroe nacional por antonomasia, Pahlavan Mahmud (1247-1326). Este hombre era todo un prodigio, un cúmulo de cualidades y aptitudes propias de un héroe de leyenda, sin duda. Hercúleo, médico, poeta, polifacético en el más amplio sentido de la palabra. El mausoleo es el principal centro de culto en Ichan Kala o intramuros. El eximio maestro sufí murió a la asombrosa edad de 80 años, una proeza nada desdeñable incluso ya en nuestros días. El interior viene a ser una iteración de ornatos arabescos con profusión azul y esas maderas labradas que resucitan el ánimo del más pintado. Para unas vistas de águila, desde los altares más rayanos al cielo, es una excelente opción el minarete de Islam Khodja, el más alto de la ciudad (57 metros), uno de los referentes indispensables de la ensoñadora Khiva. Precioso, altivo, adornado con unos preciosos anillos en forma de mosaico azul sobre ladrillo visto y esmaltes verdosos. También me deja emocionado la mezquita Dzhuma, siglo XVIII, con su despliegue de columnas, más de 200, y una capacidad interior como para alojar a medio millar de feligreses.


 Algo sencilla, eso sí, algo oscura, me envuelve como un manto el olor a madera vetusta. Una leyenda negra persigue a este entorno de plegarias y rezos. Una historia verídica en realidad. Y es que a causa de las aguas subterráneas dos minaretes colapsaron y al desplomarse ocasionaron la muerte de los feligreses que allí oraban. Muy impresionante es el alcázar Kunya Ark (siglo XVII), así como toda esta ciudad embellecida, siguiendo las huellas de la antigua región de Khorezm. 



 Pasa el tiempo y sigo atrapado en las garras del palacio de Tash Khauli, que es inabarcable. Ya estoy inmunizado a la decoración abigarrada de estos lares y mi vista se relaja un poco. Según los designios de Alakauli Khan se erige este centro entre 1830-40, el Tash Khauli o “patio e piedra”. 


 
Misma estética de ayvanes azules, patios cerrados y escalinata para montar la yurta. Entre tanta belleza también hay ámbito para la tragedia pavorosa. Y es que el reniego del arquitecto Muhammad Usto Tadzhi Kan para concluir su construcción le costaría la vida de una manera tan atroz como el empalamiento. Su sucesor en el proyecto, Kalandar Hivaki lo finalizaría en menos de diez años. Estoy en tierra sagrada, tierra de oraciones, religiones, y muchos mausoleos, como el del jeque Said Ala-Adin, una preciosidad artesanal profusa en decoración vegetal, perdida en un oleaje de
azules furiosos y versos árabes. Y con este repaso “trotamundista” por la idílica Khiva “pongo pies en polvorosa” para encaminarme ya hacia mi próximo destino: BUKHARA.

lunes, 3 de julio de 2017

KHIVA




Empieza mi crónica del cuento de las 1001 noches, la ciudad de Khiva o “agua rica, agua saludable y sabrosa”.

Esta ciudad es como un escenario de uno de aquellos cuentos que narraba la concubina “odalisca” Sherezade para mantener entretenido al sultán shariahr y así le perdonara la vida. Literal, una ciudad de cuento y yo, un figurante que acompaña a los actores que por allí venden sus mercancías o me invitan a pasar al salón de lujosos restaurantes, iluminados con candiles de difusas luces ambarinas, verdosas, azuladas, gaseosas, suaves como el susurro del viento…

Decorado arabesco, sólo me falta Aladino saltando de tejado en tejado y alguna alfombra voladora surcando los cielos impolutos de Khiva. 




Es una maravilla pasear, especialmente por la noche, por la Ichan Kala (siglo XVIII) o zona de intramuros. Es una delicia recorrer la originaria Sharistan medieval, aquella capital del khanato entre 1602-23 bajo el poder del khan Chingizid Arab Muhammad. Estoy ya en Uzbekistán. Los trámites para cruzar la frontera han ido como la seda. Muy amables, diligentes, eso sí, te piden el pasaporte una y otra vez, revisan y analizan los refajos de mi maleta y te hacen rellenar unos formularios que, gracias a la colaboración inestimable de Aleksandra, “la joya de La Corona” del tour operador CENTRAL ASIA TRAVEL, me resulta una tarea ya conocida. Bien, volviendo a esta ciudad de puro escenario cinematográfico, me alojo en una madrasa, o sea, un enorme y hermosísimo palacio árabe destinado a la enseñanza del Corán. Es un privilegio, soy consciente de ello cada día y doy gracias a Dios por semejante prebenda. Cambiando 50 euros por la moneda local, soms, te entregan un fajo de billetes tan monumental que parece la entrada en efectivo que darías si quisieses comprar un apartamento de lujo en Beverly Hills, con vistas a la piscina de Pamela Anderson o la alcoba de Bruce Willis.


DATOS RELEVANTES

KHIVA. MÁS DE 2500 AÑOS DE ANTIGÜEDAD, FUE FUNDADA COMO UNA DE LAS PARADAS ESENCIALES DE
LA RUTA DE LA SEDA. CARLOMAGNO TRAERÍA LA PAZ A ESTAS TIERRAS TRAS EL TRATADO CON EL ZAR DE

KHOREZM FARASMAN. EN EL SIGLO I A.C SURGEN YA LAS PRIMERAS CARAVANAS, CUYAS ETAPAS MÁS RELEVANTES ERAN SAMARKANDA Y BUKHARA. 12.000 KMS ABARCABA ESTE PERIPLO ÉPICO.

A la vera del fascinante río Amou-Daria penetro en los vericuetos arábigos del antiguo territorio de Khorezm, asolado por árabes, persas y sátrapas ahménidas. Junto al hotel hay una enorme estatua del “fundador” del álgebra y creador del dígito 0, Al-Khorazamiy (Al-Juarismi, 783-850). Imponente la efigie de astrónomo, geógrafo y matemático persa, De su nombre provienen precisamente las palabras “Guarismo, álgebra y algoritmo”. 

 
Paseando por Khiva me detengo una y otra vez ante los preciosos puestos callejeros que venden preciosa cerámica de colores azules o verdosos mayormente, pintado todo a mano, obras de arte de la alfarería tradicional artesanal. La mejor cerámica que puedes encontrar aquí proviene del feraz Valle de Fergana. Cocida tres veces consecutivas a 1000 grados, estos cuencos producen un glorioso sonido, como de tañido de campana. Cada dibujo cuenta su propia historia, historias de las diferentes etapas vitales. Dibujos que se acurrucan como serpientes dormidas, escenas vegetales y espirales, círculos abigarrados que se abrazan como amantes. 



Icónico y muy hermoso es sin duda el azulado minarete inacabado de Kalta Minor o “Minarete corto”, 29 metros de altura. Inconcluso, parece otear la ciudad con cohibición, acaso sospechando que un recorte presupuestario le dejó en plena operación de “crecimiento”. El emir Amin Khan inició su construcción, pero tras su muerte en las luchas contra los ejércitos turcomanos su sucesor decidió que todo el dinero recaudado debía servir para abastecer a sus huestes en las consuetudinarias (habituales) contiendas en curso y futuras.


DATOS CURIOSOS

LOS MINARETES O “BALIZAS DE FUEGO” SE USABAN INICIALMENTE COMO FAROS. POR ENTONCES, LOS
MUECINES QUE LLAMABAN A LA ORACIÓN ERAN CIEGOS. DE ESTA MANERA TAN SAGAZ SE IMPEDÍA QUE SE DISTRAJESEN OBSERVANDO A LAS MUJERES QUE SE ESTABAN BAÑANDO Y QUE A ESA ALTURA SERÍAN FÁCILMENTE “ESPIABLES”.


La visita a la antigua ciudadela (1686) me deja absorto perdido en la selva de colores de los maravillosos ayvanes o “3 paredes”. 



 
Ornamentación de jungla de azulejos enmarañados, donde a veces se adivinan textos árabes tratando de respirar en una nube de motivos florales o relacionados con la naturaleza, estrellas, rombos, figuras que se retuercen como si quisiesen dibujar dédalos (laberintos). Estos centros de oración vienen soportados por columnas labradas que pueden ir en conjunción con soportes pétreos.


 Pero en esta historia de fascinación artesanal también hay hueco para el terror. La sala del trono está tras un ayvan (tres paredes) con tres puertas. El azulado paredón propone un “juego de memoria vital” que no admite titubeos. Tres puertas, la de la izquierda está destinada al vulgo, por la del medio accederían los próceres, gentes de alto rango social, y la derecha es la del rey. Cuentan, dicen, que si alguien erraba en algo tan elemental como entrar por la puerta equivocada era decapitado por el rey de manera fulminante. Frente a estos magníficos ayvanes me encuentro con una tarima escalonada que no acierto a primera vista a predecir para qué diantres pudo ser construido, cuál era su función. Yo imagino ya rudimentarias tribunas para dirigir al vulgo enardecidas arengas, acaso los ancestros añosos de los modernos observatorios astronómicos, la imaginación va por libre. Pues bien, el púlpito en cuestión servía para montar yurtas, o sea, aquellas primigenias chozas donde los nómadas se guarecían de la brutal intemperie.


viernes, 30 de junio de 2017

MARY II, ANTIGUA CIUDAD DE MERV Y CRÁTER DE DARVAZA




 Dejo atrás las ruinas para recolectarlas todas en el Museo de Historia. Por sólo 50 Manats insignificantes me dejan hacer fotos. El edificio en el que me hallo es muy soviético, imponente. 



EL OMNIPRESENTE PRESIDENTE DEL PAÍS.

Parece éste el complemento que necesito para digerir lo que mis ojos viesen en esos territorios tan apáticos. Restos arqueológicos, algunos datan del siglo III A.C, me espían desde frías vitrinas. Me llama la atención una maqueta de la mítica ciudad Gonur Tepe (Segundo milenio a.c), resucitada también por el infatigable explorador Viktor Sarianidi. El cambio del curso del río Murgab obligaría a sus habitantes indo-iraníes a abandonar la urbe. Estatuas de guerreros a tamaño real, réplicas de las ancestrales yurtas (viviendas tradicionales de los nómadas en Asia Central) y en la planta baja un monográfico del presidente turkmeno. Mucho más ameno me resulta el espacio dedicado a los animales disecados, aunque esto de la taxidermia siempre me ha parecido un hobby de lo más aberrante.

GENTE LOCAL, MUY SIMPÁTICAS ESTAS CHICAS
 
Ahora el que cambia de curso soy yo. Desvío mis pasos hacia el bazar de Altyn Asyr, el mayor bazar al aire libre de Turkmenistán. Me rodean más de 5000 puestos de género variado, desde hortalizas y legumbres, verduras y carne hasta electrodomésticos, grúas, tractores, coches, cabras y camellos, aquí se puede comprar de todo.

 He dejado para el final una excursión que en mi mente ya había realizado multitud de veces. Probablemente uno de los acicates por los cuales mi alma y cuerpo se han puesto de acuerdo en asistir al encuentro dé Turkmenistán sea precisamente la existencia casi mágica, sibilina, atractiva, tentadora, peligrosa y acechadora que parece surgir del mismo corazón incandescente del cráter de Darvaza, la “boca del infierno”, el averno en la Tierra. Fuego, llamas y gas metano susurrando letales invocaciones que se funden en un cielo desdibujado, hipnotizando a la noche con sus llamas incombustibles. En pleno desierto de Karakum se abre en la tierra yerma un gigantesco y pavoroso cráter de 60 metros de profundidad y 20 de diámetro que no cesa de arder desde el año 1971. La causa de tal despropósito se debe a unas chapuceras prospecciones que se llevaron en este lugar desangelado, condenado al exilio, condenado a convertirse en caldero y chisporroteo hasta el fin de los tiempos…






No voy a negar que el cráter de Darvaza impone respeto, arredra, te hechiza y te atrae, pero el peligro es real. El suelo que piso, ¿será lo suficientemente firme? A poco más de dos metros hay un boquete aterrador donde el fuego parece reclamar mi alma subyugada. Además el viento coadyuva (ayuda) a las llamas a quemarme el rostro si me acerco demasiado. De cuando en cuando percibo en la piel un lametón abrasador que me indica que igual estoy pecando de temerario y que me convendría retroceder unos pasos.

jueves, 29 de junio de 2017

MARY, ANTIGUA CIUDAD DE MERV





MAUSOLEO DEL SULTÁN SANJAR(1086-1157)

Paraíso arqueológico para historiadores y exploradores de todo el mundo, esta ciudad de áridas llanuras tórridas alberga en su seno añoso joyas indiscutibles como el llamado Shakhudzhakhan o “alma de los reyes”, o sea, un conglomerado monumental de fortalezas y mausoleos como el del Sultán Sandjar, o sardobas (lugares que siempre se mantenían frescos y se utilizaban para almacenar agua, hielo, nieve, vaya, lo que vienen siendo modernos refrigeradores). 
SARDOBA
 
Mi crónica pretende pues asomarse a los balcones de los antiguos territorios de Margush, cuyos habitantes dejaron desierto aquel lugar entre los siglos V-VI a.c cuando el río Murgab cambió su curso.

Me adentro sin ambages en los anales de la historia de la antigua Merv para encontrarme con un tropel de religiones que fueron surgiendo a lo largo de los siglos: zoroastrismo (seguidores de Zarathustra), budismo, cristianismo e islamismo.


DATOS DE INTERÉS

MÁS DE 4000 AÑOS DE HISTORIA TIENE ESTA CIUDAD LLAMADA INICIALMENTE MARGUSH, MARGIANA,
MARU-SHAKHU JAKHAN O MERV. EN EL AÑO 1987 SE DECLARA A LAS 1500 HECTÁREAS DE LA ANTIGUA
CIUDAD DE MERV LUGAR DE INTERÉS HISTÓRICO Y CULTURAL. AÑOS MÁS TARDE, EN 1999, SERÍA
DECLARADA PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD POR LA UNESCO.


Debemos rendir homenaje al infatigable arqueólogo Víctor Sarianidi, quien con contumaz denuedo sacó a la luz un pasado vinculado de manera intrínseca a la religión de los zoroastros y a tesoros arcanos bajo las tierras abrasadoras del desierto de Karakum, en las márgenes del río Murgab. Una ciudad comparada en esplendor,
misterio y grandeza con la faraónica Egipto o la mítica Mesopotamia.

 
DATOS RELEVANTES

ZOROASTRISMO O MAZDEISMO. RELIGIÓN DUAL BASADA EN DOS PRINCIPIOS ANTAGONISTAS. FUE FUNDADA POR EL PROFETA ZARATHUSTRA SOBRE EL SIGLO VI A.C. BÁSICAMENTE CONTEMPLA A UN DIOS BENÉVOLO, AHURA MAZDA, Y A SU ANTÍPODA (OPUESTO), EL ORIGEN DEL MAL, EL DIOS ARRIMAN. CON LA APARICIÓN EN ESCENA DEL CALIFA UMAR (634-44) LLEGARÍA EL OCASO DE ESTA RELIGIÓN.


Este día tan prometedor arranca en el mausoleo del sultán Sanjar (siglo XII). La magnífica sonoridad de este lugar queda atrapada entre los muros de hormigón de unos cinco metros de espesor. Colores cálidos me acompañan, blancos terrosos que se funden en rojos y azules, que reverencian a la estrella de ocho puntas en la bóveda, esa estrella del primer imperio turkmeno que después se adoptaría como enseña nacional en el resto del país. Es como poco sorprendente encontrar este edificio, con ventanas de arcos apuntados y tonalidades que tratan de pasar desapercibidas, en medio de un gran desierto. Poco queda ya de lo sublime que describía con arrobo en el siglo XIV el cronista Reshid-Ed como “Uno de los monumentos más grandiosos del mundo”. El arquitecto de esta gran mole funeraria fue Muhammet Ibn As-Sarakhsy por encargo de Malikshah, progenitor del sultán Sanjar, quien fuera gobernante de estas tierras que le vieran medrar y fenecer para acabar sus días en su bien amada Merv.
Siguiendo esta estela de ruinas y momentos de la historia convertidos en pálida soledad terrosa, abandono y un desierto inabarcable, aparece ahora el complejo funerario donde fuese enterrado en 1140 el filósofo Hoja Yusuf Hamadani. 


 Parada imprescindible para devotos fervorosos, peregrinos sedientos de oración y feligreses de todos los rincones que buscan consejos celestiales, que piden deseos e izan sus ruegos a un cielo lejano y a la vez cercano. Mismo estilo arquitectónico arabesco, ladrillo y barro, arcos apuntados. No hay demasiada gente, como de costumbre me embarga esa sensación extraña de éxodo bíblico. Nos miran con curiosidad quienes surgen postrados ante la tumba de Yusuf Ibn Ayub Hamadani, considerado uno de los fundadores del sufismo.
Este lugar es como un oasis en medio de estos páramos tan desconsolados y desterrados. Serenidad, calma, el sonido del viento buscando ranuras entre las grietas de los ladrillos agostados de los mausoleos. Singular, única en su género, arcana e indescifrable, permanece incólume a través de los siglos implacables la fortaleza de mujeres o Kyz Kala. Su imagen anubla mi imaginación y queda impregnada en los folletos y reclamos turísticos como uno de los grandes acicates para adentrarse en estas tierras baldías. Siglo VI A.C, que se dice pronto, no queda muy claro cuál pudiera ser su función: ¿Un harén, un templo para las mujeres, esclavas, siervas de los propios sultanes?

 Mucha información confusa en mis oídos me impide inferir la realidad. Jabbar, nuestro guía particular para dos únicos viajeros, nos cuenta que el estado de conservación, que es magnífico teniendo en cuenta que hablamos de la época de los sasánidas, se debe a la corrugación, o sea, unos frunces, arrugas o pliegues de la roca que son la fachada visible e icónica de esta fortaleza. Acabo este primer “vuelo de pájaro” sobrevolando, es un recurso literario, el mausoleo de Muhammad Ibn Zayd, pequeñito, casi modesto y cohibido, cuya rareza principal radica en su planta cuadrada con bóveda circular de ladrillo visto.
 
PRÓXIMAMENTE: CRÁTER DE DARVAZA, LA BOCA DEL INFIERNO.

martes, 27 de junio de 2017

ASGABAT II. TURKMENISTÁN



ASGABAT II. TURKMENISTÁN
 
Pasear por esta ciudad de blanco prístino y nupcial es una actividad totalmente segura a cualquier hora del día. Hay poca gente en Asgabat, pero el relevo generacional está garantizado. 

 
Paseando por el bonito parque de los escritores veo una mansalva de niños que vienen a robustecer y corroborar mis palabras. Acabo de llegar al Arco de la neutralidad (1998), o “Trípode”. Imponente, sobrecoge.


Sólo la áurea estatua en la cima ya mide 12 metros. El monumento alcanza los 75. Fue erigido para conmemorar tal neutralidad del país, perdón por la redundancia, por el primer presidente, Saparmurat Niyazov. En vida, la estatua rotaba, pero tras su deceso dejó de hacerlo. Se me antoja un tanto solitario, como esta ciudad que duerme a todas horas, envuelta en un silencio de éxodo masivo. Una cosa de lo más curiosa es una imponente bandera de Turkmenistán, que unos ingenios de lo más brillantes han dotado con un sistema eléctrico y motor para que esté ondeando en todo momento si el viento decide no hacer su trabajo de empujar la
brisa y por ende, el colorido paño nacional. 

 
Hablando de monumentos imprescindibles también es menester detenerse ante el de la Independencia (1999). Al estilo ya conocido de endiosamiento blanquecino, se trata de una gran rotonda con fuentes, donde además podrás observar el cambio de guardia de los impertérritos soldados, apostados en su garita como si el tórrido viento de las estepas yermas del país los hubiese convertido en farallones de arena. El monumento mide 118 metros de altura, cifra nada aleatoria, por cierto. En realidad está todo milimétricamente estudiado. 118 es el cociente resultante de sumar 91, el año en que fue firmada la Declaración de Independencia nacional, y 27, el día
concreto de Octubre en que se produjo el histórico acuerdo. En torno al magnífico monumento verás gran cantidad de estatuas gigantescas, hiperbólicas, correspondientes a eximios escritores o personajes imprescindibles en la historia de Turkmenistán,
gobernantes, líderes tribales…


 El tamaño de estas moles me hace parecer casi miserable y mundano, como una hormiga sojuzgada por la mirada de un dios. 

 
Pero no todo es elegancia y modernidad. Para incidir en tal aserto (afirmación), Ashgabat me regala una panorámica de edificios caóticos, ruinosos, antipáticos a la vista, antiestéticos, propios de la tristeza letal de los tiempos de la Unión Soviética. La pintura amarillenta, deslucida, se cae de pena.

Pero quizás la visita del día más “laureada” sea la que me espera al cruzar bajo la mirada pétrea de la mezquita de Ertugrul, quien fuera padre de Osman I, fundador del imperio otomano. Predominio y despliegue de tonos amarillos pálidos, blancor, vetas negras y rojos y azules creando acuarelas a mi alrededor. 

 


Las mezquitas tienen algo mágico, espiritual, sagrado y omnipotente encerrado entre los muros antiguos que acogieron tanta oración. Es la sensación que prevalece cuando me hallo en estos lugares de profunda e inveterada fe. Mucho menos gloriosa es la cuasi minúscula estatua del “defenestrado” Lenin. 

 Apenas una escultura anodina y desvalida en la Square Azadi. Es el único vestigio en la ciudad de su “existencia”. Estoy a punto de abandonar esta ciudad para posar mi mirada en nuevos destinos. Aún me quedan manats (moneda local) en los bolsillos para gastar en productos textiles, que aquí son de primerísima calidad. Regreso ya a mi hotel con la admonición presente de no hacer ni una sola foto al área presidencial, gubernamental, totalmente prohibido. La foto del presidente de Turkmenistán, Gurbanguly Berdimuhamedow, me persigue, está en todas partes, literalmente. De hecho, la propia ciudad y sus servicios son como un gran plató de televisión cuya filosofía principal fuese recrearse en la apología y encomio de la figura del mandatario.

PRÓXIMA PARADA: MARY, ANTIGUA CIUDAD DE MERV.